Diario La Realidad Saharaui, DLRS
ANÁLISIS: Sahara Occidental
LA ÚLTIMA COLONIA AFRICANA. RESPONSABLE ESPAÑA
Alberto Maestre Fuentes. Doctor en Historia por
la Universidad de Barcelona. Especial para Diario El Minuto, publicado el lunes 16 julio, 2018.
En octubre de 1950, el entonces Jefe del Estado
español, el general Francisco Franco, durante su primera y única visita oficial
que realizó al entonces Sahara español, manifestó a los saharauis que España
los ayudaría “sin pedir nada más que una sonrisa”. Más de una década después,
exactamente en mayo de 1966, el entonces Ministro Subsecretario de la
Presidencia de España, el Almirante Carrero Blanco, que llegaría
posteriormente, en 1973, a ser Presidente del Gobierno español, manifestaría en
un discurso pronunciado en El Aaiún, durante una visita oficial al territorio
saharaui, al cual llegaba acompañado de varios ministros más del gobierno
franquista, que ningún Estado tenía derecho a reclamar el Sahara Occidental -en
alusión directa a Marruecos- y si España
abandonase algún día al pueblo saharaui “sería un crimen que España no cometerá
jamás”.
Otra década después, exactamente en noviembre
de 1976, cuando se cumplía un año de la cesión ilegal de España a Marruecos y
Mauritania del Sahara Occidental, mediante los llamados “Acuerdos de Madrid”,
el entonces Secretario General del PSOE, Felipe González, que llegaría a ser
también, seis años después, Presidente del Gobierno español durante catorce
años, en su visita a los campamentos de refugiados saharauis de Tindouf,
expresaría su enérgico rechazo a los “Acuerdos de Madrid” y, de estar
completamente convencido de la victoria final del pueblo saharaui al cual,
dijo, apoyaría su partido incondicionalmente,
pues, según él, el gobierno español no sólo había hecho una mala
descolonización con respecto al Sahara Occidental sino lo peor de todo es que
lo había entregado a “manos de gobiernos reaccionarios como los de Marruecos y
Mauritania”.
Estas manifestaciones públicas ante el pueblo
saharaui de estos tres personajes de primer plano del panorama político español
y que representaban a dos regímenes políticos completamente antagónicos tienen
una máxima en común y es que no se realizó, finalmente, lo que prometieron
hacer con respecto a este pueblo, sino más bien, todo lo contario.
La dictadura franquista abandonó a su suerte a
los saharauis, pero lo que es más grave es que el régimen democrático español,
nacido de la Constitución de 1978, no
sólo no ha querido reparar el grave error y daño cometido sino que hasta el día
de hoy sigue siendo cómplice de esa política heredada de la dictadura, e
incluso ha ido más lejos a apoyar implícitamente la ocupación marroquí.
Realmente si analizamos la transición española,
esta postura española, adoptada en relación a la que fue un día su provincia no
es en absoluto de extrañar pues que se podía esperar del “nuevo” régimen
salpicado de grandes escándalos de corrupción y en que los crímenes del
franquismo quedaron completamente impunes, ni incluso se llegó a pedir perdón
por los mismos y que miles de víctimas del bando perdedor de la guerra civil
continuaron y continúan todavía hoy en día enterrados en fosas comunes, sin
identificar, por toda la geografía española.
España tendría que reaccionar de una vez por
todas y asumir su responsabilidad histórica con el tema del Sahara Occidental.
Estamos en 2018 y en África existe, para las Naciones Unidas, una colonia que,
por ende, es la de mayor superficie y poblada del mundo, el Sahara Occidental,
y eso se debe única y exclusivamente a la responsabilidad directa de un estado,
y ese se llama España.
Esto es un hecho y España al no querer
aceptarlo y anteponer sus relaciones bilaterales con su “temido” vecino del
sur, Marruecos, no va por el buen camino, más bien, todo lo contrario.
Como historiador sé que no hay nada cerrado en
ningún asunto y más en este que es de “simple” descolonización.
Los saharauis siguen luchando, cuarenta y dos
años después, por sobrevivir como pueblo, tanto en las zonas ocupadas, como en
las liberadas y en los campamentos de Tindouf y lo están consiguiendo pero a
base de mucho sacrificio y esfuerzo.
El problema del Sahara Occidental no va de
ideologías, sino de hacer cumplir, simplemente, la legalidad internacional.
Siempre se ha intentado, desde un sector
reaccionario español, relacionar el problema del Sahara Occidental con la
izquierda e incluso extrema izquierda. Esto sólo tiene profundas motivaciones
de remordimiento pues los que tomaron la decisión de ceder el Sahara Occidental,
al margen de Naciones Unidas, a Marruecos y Mauritania y no cumplir simplemente
sus Resoluciones, pertenecían a dicho sector.
El PSOE y su Secretario General, Felipe
González en un principio posicionados,
aparentemente, al lado de la causa saharaui luego, una vez que ostentaron el
poder, no solo, no cumplieron con su discurso y programa, sino que apoyaron sin
fisuras, en la práctica, la ocupación ilegal marroquí, a costa del pueblo
saharaui. Esto es innegable como lo es que el PSOE diga que es republicano y
apoya “fortalecer los valores republicanos” cuando defienden sin fisura alguna
la monarquía instaurada por el general Franco.
Llega tanto la desidia oficial española en
cuanto al tema saharaui que el mismo no se le da apenas visibilidad en los
medios de comunicación españoles, tanto públicos como privados. Y no es para
menos. Saber que eres el máximo responsable que todavía exista una colonia
africana y que además sea la mayor del mundo, es muy grave y no deja en muy
bien lugar a España en el marco de la comunidad internacional.
Para justificarse muchas veces de este
desinterés por el Sahara Occidental se puede llegar incluso a invocar que es un
asunto de “moros” musulmanes y que nada tiene que ver con España y que hay
otros temas más importantes que tratar que preocupan a los españoles. Es otra
manera de no querer asumir la responsabilidad.
La historia del Sahara Occidental y sus lazos
históricos con España no se estudia ni si quiera en los colegios españoles, lo
que implica un elemento más en esta desidia oficial española.
Realmente confío que un día España despierte y
asuma su responsabilidad e intente ayudar a solucionar a que en África ya no
exista una colonia y se pueda cerrar el capítulo, por fin, de la
descolonización africana.
España puede hacer mucho, más de lo que ella
piensa, en la resolución de este problema de descolonización y Marruecos lo
sabe.
España, antes de todo debe dejar sus complejos
históricos y asumir lo que es. Es decir, la Potencia Administradora, tal como
todavía hoy en día lo considera las Naciones Unidas, y a partir de aquí, actuar
en consecuencia y hacer cumplir simplemente la legalidad internacional. Asumir
un papel de primer orden en el intento de resolución de este conflicto le daría
al gobierno español la oportunidad, no solo de reparar un error histórico
cometido con el pueblo saharaui, sino de tener un prestigio, de cara a la comunidad internacional, en este asunto, que hoy en día no lo tiene.
Un primer paso en esta nueva dirección sería
por parte española esclarecer por fin y,
una vez por todas, el asesinato en 1970 del líder nacionalista saharaui
Bassiri.
En cambio, si España continuase con su postura
mantenida hasta ahora, de no querer enfrentarse a Marruecos por el Sahara
Occidental y, no hacer absolutamente nada que pueda provocar el enojo de ese
país, lo que realmente está transmitiendo es total debilidad y supeditación al
régimen marroquí a costa del pueblo saharaui.
¿Que deben pensar otros gobiernos de que España
no manifieste ni siquiera un solo reproche en la eliminación del idioma
castellano de las zonas saharauis ocupadas por Marruecos, el cual ha sido
sustituido por el francés o que se estén eliminando todo vestigio de la
presencia española en el Sahara Occidental?.
España si realmente se implicase en el proceso
de solución de esta descolonización pendiente y, lo vuelvo a repetir causado
por ella misma, deberá afrontarlo con todas las consecuencias sabiendo que
Marruecos utilizará todos sus recursos para hacerla fracasar y no dudará en
usar incluso los temas de la inmigración ilegal, Ceuta y Melilla, terrorismo
islámico y posibles chantajes sobre personajes políticos y no políticos
españoles que han podido disfrutar durante todos estos años de prebendas
privadas inconfesables, entre otros, con el objetivo de dañar a España.
Con los vecinos evidentemente hay que intentar
llevarse lo mejor posible y tener unas relaciones cordiales pero no a costa de
la legalidad internacional y de un pueblo. Por lo tanto, buenas relaciones de
vecindad sí, pero no vasallaje de ningún tipo.
Para la implicación española, en la resolución
del conflicto, solo hace falta voluntad política y dejar los temores y
complejos a un lado ya que sino, solo se transmite debilidad e incompetencia.
Para buscar una solución justa al tema saharaui
es imprescindible por tanto la implicación de la potencia administradora. Sin
esta implicación será mucho más difícil una solución duradera, aunque no
imposible. Si esta llegase finalmente sin la implicación española dejaría en
muy mal lugar, una vez más, a España.
Confío honestamente que algún día España
reaccione y asuma su responsabilidad y actué
por tanto en consecuencia.

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