Diario La Realidad, DLRS
OPINIÓN
La Estrella de Panmá. Los derechos legítimos del Pueblo Saharaui y
las pretensiones anexionistas de Marruecos (I)Hassan II hizo un aprovechamiento
abyecto de la agonía del dictador Franco, que moriría el 20 de noviembre de
1975
Luis Portillo Pasqual del Riquelme, explica a DRLS en una nota, “Envié
mi artículo a La Estrella de Panamá como respuesta a un artículo de Opinión
("un infundio difamatorio") firmado por un tal Olaciregui difamando
burdamente al Frente Polisario. Olaciregui fue embajador de Panamá en
Marruecos. Su difamación no había por dónde cogerla, en la línea de la más
ácida intoxicación del Makhzén.
Respuesta del profesor Riquelme publicada ayer
15 de noviembre en la columna de Opinión del periódico panameño, La Estrella. Han
transcurrido ya 43 años desde que Marruecos expulsara a España del Sáhara
Occidental y la sustituyese, a sangre y fuego, en su papel de potencia colonial
y país ocupante.
Esta maniobra fue llevada a cabo con el
asesoramiento estratégico y el visto bueno de Henry Kissinger, ex secretario de
Estado de los EE.UU., y se instrumentó mediante la tristemente célebre Marcha Verde,
con la que el rey de Marruecos empujó a 350 000 súbditos civiles sobre la
frontera noroeste del Sáhara Español (1975). Días antes, y sin publicidad
alguna, tropas militares marroquíes penetraban en el territorio saharaui por la
frontera noreste.
Hassan II hizo un aprovechamiento abyecto de la
agonía del dictador Franco, que moriría el 20 de noviembre de 1975 y cuyo
régimen caduco se hallaba extremadamente debilitado por la larga lucha de las
fuerzas democráticas contra la dictadura.
Enfrentado a la tesitura de una más que posible
matanza de civiles (los integrantes de la Marcha Verde) y la amenaza de una
inminente guerra con Marruecos, el Gobierno español —paralizado por la agonía
de Franco— optó por retirarse, cediendo al chantaje alauita, incumpliendo sus
obligaciones internacionales, dejando paso libre a las tropas marroquíes y
abandonando a los saharauis (ciudadanos españoles entonces) en manos de su peor
enemigo.
Tras la Marcha, la invasión y la ocupación del
Sáhara Occidental se ‘formalizó', el 14 de noviembre de 1975, mediante unos
ilegales ‘Acuerdos Tripartitos de Madrid’, en virtud de los cuales España cedía
temporalmente la administración (no la soberanía) del territorio saharaui a
Marruecos (las dos terceras partes del territorio, en el Norte) y Mauritania
(el tercio restante, en el Sur), comprometiéndose a abandonar su provincia
africana en febrero de 1976.
A partir de esta última fecha estallaría la
guerra de Marruecos y Mauritania contra el Frente Polisario. Los militares
marroquíes, ebrios de delirio, persiguieron y bombardearon a la población civil
saharaui , tanto en sus asentamientos como en su huida en desbandada a través
del desierto, perpetrando una horrible masacre dirigida a eliminar a todo un
pueblo y obligando a buena parte de la población superviviente a traspasar la
frontera de Argelia y refugiarse en la zona más árida del desierto (los
campamentos de Tinduf), donde sobrevive ejemplarmente desde entonces, habiendo
constituido su propio Estado en el exilio: la República Árabe Saharaui
Democrática (RASD) .
Desde entonces, la ONU (tanto la Asamblea
General como el Consejo de Seguridad) ha aprobado decenas y decenas de
resoluciones sobre el Sáhara Occidental, reconociendo reiteradamente el derecho
del Pueblo Saharaui a su autodeterminación y exhortando a Marruecos a abandonar
un territorio que no le pertenece y sobre el que no ostenta ningún título de
soberanía, como había dictaminado el Tribunal Internacional de Justicia (TIJ)
de La Haya.
En España, tras la muerte de Franco, los
primeros Gobiernos de la Transición a la democracia y los partidos de la
oposición, apoyaron al Frente Polisario y al Pueblo Saharaui en su lucha contra
el invasor y en apoyo de un referéndum de autodeterminación.
En 1991, tras 16 años de guerra, la mediación
de la ONU y la OUA logró el cese el fuego, acordándose en contrapartida la
celebración de un referéndum de autodeterminación , (para lo que se creó la
Minurso, Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara
Occidental), compromiso que fue aceptado por Marruecos. Pero desde esa fecha,
en que España y Marruecos firmaron un Tratado de Amistad y Cooperación, se
inició un giro en la posición oficial española, que se mantiene hasta hoy y que
resulta inexplicable para la mayor parte de la sociedad española, ampliamente
solidaria con la causa saharaui.
Tras diversos intentos de solución al conflicto,
siempre desbaratados por las élites gobernantes en Marruecos, finalmente, el
Consejo de Seguridad de la ONU aprobó, el 30 de abril de 2007, la Resolución
1754, emplazando a Marruecos y al Frente Polisario a entablar negociaciones
directas para lograr una solución política definitiva a la cuestión del Sáhara
Occidental. En el marco de dicha Resolución, el secretario general de la ONU
invitó a las partes a una primera ronda de negociaciones, en junio de 2007, en
Manhasset , cerca de Nueva York. La segunda ronda tuvo lugar en agosto. Y una
tercera, en enero de 2008. Esta vez, se había planteado celebrarla en la ciudad
suiza de Ginebra , sede del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los
Derechos Humanos ( Acnudh ) y también del Alto Comisionado para los Refugiados
( Acnur ), organismos a los que tantas veces han tenido que recurrir los
representantes legítimos del Pueblo Saharaui para denunciar las reiteradas
tropelías del régimen marroquí. Pero la celebración de dichas negociaciones en
una ciudad europea como Ginebra hubiera atraído la atención de toda Europa; y
no es descartable que Rabat, Washington y París presionaran para que,
finalmente, se celebrara en New York, lejos de Europa y de África, en el propio
campo de juego de los poderosos, influyentes y multimillonarios grupos de
presión (lobbies) marroquíes de que hablan expertos como Frank Rudy , Tomás
Bárbulo o Carlos Ruiz Miguel. Las diversas rondas celebradas concluyeron sin
apenas avances.
Muy recientemente, a finales de septiembre de
2018, el Enviado Personal del secretario general de las Naciones Unidas para el
Sáhara Occidental, el expresidente alemán Horst Köhler , invitó al Frente
Polisario y a Marruecos, y también a los países vecinos Mauritania y Argelia, a
mantener conversaciones previas en Ginebra , previstas para principios de
diciembre y que deberían marcar el relanzamiento del proceso de paz en el
Sáhara Occidental, estancado desde 2012. Y a finales del pasado mes de octubre,
el Consejo de Seguridad de la ONU prorrogó el mandato de la Minurso por seis
meses más, hasta el 31 de abril de 2019, respaldando la gestión de Horst Köhler
y presionando a las partes para lograr una solución justa y duradera.
Las líneas que siguen rebaten las pretensiones
de los gobernantes marroquíes, refutando, punto por punto, los términos
expuestos en un artículo publicado en el diario español EL PAÍS, que confundió
a la opinión pública española y colmó las iras del amplio movimiento de
solidaridad con el Pueblo Saharaui.
Las pretensiones marroquíes
El mismo día en que el Consejo de Seguridad de
la ONU aprobaba su —hasta entonces— última resolución sobre el Sáhara
Occidental (abril, 2007), el diario EL PAÍS publicaba, en sus páginas de
Opinión, un artículo de Bernabé López García (BLG), titulado ‘Aplazar la
utopía, defender la dignidad ', que, en esencia, trataba de justificar la
posición del Gobierno marroquí sobre el futuro del Sáhara Occidental.
Argumentaba el autor que la oferta marroquí (el plan de autonomía presentado
por Marruecos en abril de 2007) constituía una oportunidad histórica única para
que el Pueblo Saharaui y su territorio del Sáhara Occidental se integrasen en
Marruecos, en una región de autonomía limitada bajo soberanía marroquí.
Nota
El autor es doctor en ciencias económicas,
exprofesor de la universidad autónoma de madrid (España), experto en la historia del proceso de descolonizacion y ocupación del Sahara Occidental.

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