Diario La Realidad Saharaui/DLRS, viernes
28/02/2020
1.
“¿Qué se
juega España en Argelia?... Mucho más que petróleo y gas”
2.
“Según el
Global Fire Power, Argelia ocupa el puesto número 28 entre los ejércitos más
poderosos del mundo”
3.
“El próximo
4 de marzo, si no hay novedad, la ministra tendrá quien la escriba en Argel.
Confiemos en que el histórico pragmatismo de nuestras seculares relaciones
trasciendan del táctico cortoplacismo para abrazar la estrategia de las luces
largas”.
Trabajo de profundo análisis del
periodista Diego Crescente, quien trascurre su carrera profesional en el ámbito de la
comunicación y las relaciones internacionales en diversos organismos y
ministerios. Parlamento Europeo, Presidencia del Gobierno, Secretaría de Estado
para la Unión Europea, Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación, y
Ministerio de Industria, Energía y Turismo, donde ocupó el cargo de director de
Comunicación.
El artículo aparece hoy viernes publicado en el periódico La Información con el título “Argelia el país más estratégico de
todos aquellos con los que España tiene relaciones diplomáticas en el norte de
África”
El Mediterráneo se está convirtiendo en el
nuevo polo magnético de la política exterior española. A la situación de tensa
calma vivida con Marruecos se le une su némesis geopolítica en Argelia, un país
que es el más estratégico de todos aquellos con los que tenemos relaciones
diplomáticas en el norte de África, incluso por encima del reino alauita.
La razón es bien conocida. Argelia nos provee
de más de la mitad del gas que consumimos. Gracias a su naturaleza y seguridad
de abastecimiento, nos permite contar con una fuente de energía segura y
predecible. Estos dos factores proporcionan a la industria, antes de que la
cogeneración desaparezca completamente de la faz de España, un patrón
energético fiable para cualquier proyecto de producción. Además, proporciona un
factor de respaldo imprescindible para el desarrollo de las energías renovables
en nuestro país.
Los hidrocarburos suponen más del 90% del total
de las exportaciones argelinas. En cierta manera es nuestra Arabia Saudí, solo
que a apenas unos kilómetros de nuestras costas. Su Aramco se llama Sonatrach
que, también a escala, es nuestro referente energético en la zona.
Los lazos que unen a españoles y argelinos son
también físicos. El gasoducto Medgaz tiende un puente desde Beni Saf a Almería,
interconectando energéticamente las dos orillas de nuestro mar. Una
infraestructura desarrollada desde hace décadas con una capacidad que deja en
ridículo la conexión energética que tenemos con otros países, como por ejemplo
Francia, que solo se puede calificar de ridícula.
Es la teoría de las realizaciones concretas, de
la 'realpolitik' que supone el intercambio comercial, y que ambos países se han
ocupado de perfeccionar a través del reparto de las acciones del gasoducto, en
un 51% para los argelinos y en un 49% para Naturgy. En este sentido, es de
recordar que Sonatrach posee, a día de hoy, un 4% de la compañía española,
siendo el cuarto accionista y reafirmando su compromiso con esta infraestructura
energética.
Si hay algo que ha caracterizado a Argelia es
su seguridad. Gracias a ella el suministro de gas y petróleo a Europa se ha
procurado siempre y los escasos actos terroristas perpetrados contra sus
instalaciones no han supuesto un obstáculo para garantizarlo, a diferencia de
otras zonas de explotación de recursos energéticos como Oriente Próximo. Esta
ha sido siempre su baza geopolítica que, hasta la fecha, han cumplido a la
perfección.
Además de la energía hay otros campos estratégicos
donde la alianza entre ambos países reafianza nuestra relación. El tratamiento
de aguas residuales, las plantas desaladoras, los transportes y las
infraestructuras son solo algunos ejemplos en los que la colaboración entre
empresas españolas y argelinas funciona perfectamente en el marco del
desarrollo económico e industrial.
Otros países rivalizan con España en su apuesta
por Argelia. En 2018, China fue su primer proveedor con 8.000 millones de
euros. Tras ella, a gran distancia, aparece Francia con 4.700 millones, Italia
con 3.600 y España con 3.500 millones y lo que es muy importante, con un
incremento superior al 15% con respecto al último año, según datos del
Instituto de Comercio Exterior.
A la inversa, su principal cliente es Italia,
pero seguida y muy de cerca por España con 5.000 millones de euros y todo esto
pese a las licencias de importación establecidas por el gobierno argelino que
afectan principalmente a nuestra industria automovilística y agrícola. En parte
esta carencia y pérdida de competitividad artificial de nuestros productos se
ve paliada por el acuerdo de asociación firmado entre la Unión Europea y
Argelia. Bienes y servicios acceden así de manera privilegiada con respecto al
resto de países no UE. 2020 será un año especialmente relevante para consolidar
esta relación, puesto que las barreras arancelarias deberían decaer,
permitiendo incrementar un mercado atractivo para bienes de equipo, automoción
e incluso agropecuarios.
Con todos estos datos puede parecer complicado
entender las razones por las que el gobierno argelino decidió aplazar la
reunión que tenía previsto mantener con la ministra de Asuntos Exteriores,
Arancha González Laya, el miércoles pasado en Argel, tal y como avanzó el
diario 'El País'.
En términos diplomáticos, una cancelación de
una reunión con un ministerio de Estado, con apenas dos días de preaviso, solo
puede ser considerada como una protesta informal o como un acto de no
conformidad con una posición política. Teniendo en cuenta el escaso tiempo
recorrido en la legislatura y las acciones realizadas en política exterior,
cabe deducir que la explicación a la cancelación solo puede pasar por la
incomodidad argelina con nuestro enfoque con respecto a Marruecos.
Tradicionalmente, nuestras relaciones
diplomáticas siempre se han escorado hacia Marruecos con quien, siendo cierto
que nos unen muchos retos y desafíos en el siglo XXI, representa
energéticamente una nimiedad en comparación con Argelia. El balancín diplomático
requiere asumir que cualquier apoyo a uno supondrá una fuerza proporcionalmente
inversa en el otro. Argel quiere dejar claro que requiere atención, incluso, o
más que nunca, en un ambiente en que las protestas populares vividas en 2019
han mutado en interesantes reivindicaciones que buscan incrementar las dosis de
transparencia y democracia en el Mediterráneo Sur, sin que esto suponga la
catarsis total del sistema.
Argelia comparte con su vecino norteafricano
muchas rivalidades que van desde las económicas a las políticas y las
militares. La Unión del Magreb Árabe, que trató de crear un espacio de
cooperación entre estos dos países junto a Libia, Mauritania y Túnez, agoniza
sin cumplir su objetivo principal, que no era otro que la mínima coordinación
de economías para reducir las desigualdades en un espacio de convivencia común.
España siempre ha apoyado el multilateralismo en la región, probablemente como
vía para paliar el desequilibrio que supone apoyar a unos en detrimento de
otros.
La escalada armamentística que están jugando
ambos países tampoco ayuda. Según el Global Fire Power, Argelia ocupa el puesto
número 28 entre los ejércitos más poderosos del mundo, mientras que Marruecos
aparece relegado en el puesto 57, una diferencia que el país de Mohamed VI
trata de reducir a base de proyectos emblemáticos de adquisición de material de
penúltima generación. Por su parte, Argelia trata de reforzar su flota
submarina en previsión de controlar el Mediterráneo occidental, un aspecto en
el que le tocará rivalizar con España en el control e incluso gestión del paso
de Gibraltar.
Marruecos y Argelia se miran continuamente. Se
vigilan teniendo en cuenta que el crecimiento o la estabilidad de uno suele
convertirse en el empobrecimiento e inseguridad del otro. El gesto argelino
reafirma el difícil equilibrio que España debe jugar para situarse en mitad de
un pulso que libra con un brazo en Rabat y el otro en Argel y que, como en
todos los pulsos, se gana más con la cabeza que con el músculo.
El próximo 4 de marzo, si no hay novedad, la
ministra tendrá quien la escriba en Argel. Confiemos en que el histórico
pragmatismo de nuestras seculares relaciones trasciendan del táctico
cortoplacismo para abrazar la estrategia de las luces largas.

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