Diario La Realidad Saharaui/DLRS, jueves 02/04/2020
Lih Emhamed Beiruk, diplomático e intelectual, representante saharaui en Portugal
1.Genio y figura
hasta la sepultura
2.El pueblo
saharaui llora la pérdida de uno de sus hijos más valiosos
¡Cruel ironía
del azar! El 1º de abril, consagrado universalmente como un día de bromas y
jolgorio, ha sido un día lúgubre para el pueblo saharaui: el corazón de nuestro
querido hermano Mhammad Jadad Musa ha dejado de latir.
El pueblo
saharaui ha estado conviviendo, durante más cuatro décadas, con la siempre
súbita pérdida de muchos hijos, muchos de los cuales depositaron sus vidas en
el altar del sacrificio por la justa causa que les tocó defender, en los frente
de combate unos, otros, siempre en primera línea, en otros ámbitos de nuestra
larga brega por recuperar nuestros legítimos derechos.
La pérdida de
Mhammad Jadad Musa supone el fin, siempre prematuro, de uno de los mejores y
más consagrados hijos del pueblo saharaui.
Jadad no solo
supo defender con el garbo y el aplomo de quien se siente seguro de la defensa
de una causa justa, sino que lo hizo sin desánimo, desde su más temprana edad,
sin arredrarse ante los momentos más inciertos en nuestro combate desigual.
Siempre supo hacer frente a los momentos de desánimo con un análisis de una
agudeza sin parangón que regentaba esperanzas, muchas veces perdidas, de un
pueblo que se ha visto injustamente arrojado a las vicisitudes de la guerra y
del exilio forzoso.
Jadad ha
estado prestando su valioso servicio, a la causa, en muchos ámbitos de nuestra
lucha pero ha sido, sobretodo, en el escenario diplomático, al que dedicó los
últimos treinta años, donde aportó sus irreprochables credenciales de tenaz
negociador que dominaba hasta el hastío el tesoro de sutilezas de la cultura
‘bidan’, con las astucias y artilugios de la diplomacia occidental, asistido de
una amplia cultura.
Jadad
representaba la consagración del líder, con una integridad proverbial, donde
los sinsabores y asperezas del oficio no han hecho mella en las cualidades de
un responsable modesto hasta el estoicismo, cordial en el trato y presto
siempre a cumplir, cabalmente, las delicadas misiones con las que tuvo que
lidiar y que le han llevado a recorrer los cinco continentes, para hacer llegar
los justos reclamos del pueblo saharaui y su causa.
Nunca formó
parte de la cohorte de responsables políticos que, a lo largo de sus carreras,
han cedido a las tentadoras sirenas del enriquecimiento ilícito, ni otorgó
valor alguno al confort, ni al legítimo sosiego y apacible vida familiar que
sólo pudo conocer cuando ya exhausto y postrado por los estragos de la
enfermedad, quedó recluido durante los escasos meses de su hospitalización.
Mhammad Jadad
no solo fue un dechado de ejemplares cualidades, que no desaparecerán con su
extinción física, sino que será un referente inagotable en el que se inspirarán
las mujeres saharauis para la educación de las futuras generaciones.
Ante tan
dolorosos momentos no puedo por menos que hacer llegar a su querida familia y a
todo el pueblo saharaui las palabras con la que Abraham Lincoln quiso consolar
a una mujer que perdió a sus cinco queridos hijos en la guerra:
“Sé cuán débil
e insuficiente ha de parecer cualquier palabra mía que intente distraerla de su
aflicción por una pérdida tan abrumadora, pero no puedo abstenerme de ofrecerle
el consuelo que quizá se encuentre en la gratitud de la República, para salvar
a la cual murieron.
Ruego al Padre
celestial para aplacar la angustia de su pérdida, y le deje solo el afectuoso
recuerdo de los seres queridos y perdidos, y el solemne orgullo que debe usted
sentir al haber realizado tan costoso sacrificio en el altar de la libertad”.
Jadad ha
muerto, pero la muerte no es nada cuando se ha cumplido la misión en la vida, y
él lo hizo cabalmente!
Que en paz descanse

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