Diario La
Realidad Saharaui/DLRS, martes 5 de mayo 2020
REPORTAJES/ÉPOCA COLONIAL SAHARA OCCIDENTAL
“Traicionamos
a los saharauis. La idea era que consiguieran la independencia ligados a España.
Se desarmó a los saharauis después de que hubieran servido fielmente a España
durante mucho tiempo”. El general Velazquez
“Cuando
Mauritania por un lado y Marruecos por otro invadieron y se repartieron el
Sáhara Occidental, después de que España dejara a sus habitantes abandonados a
su suerte tras un pacto con ambos países, la situación se encaminó
inexorablemente hacia una guerra, pues el Frente Polisario proclamó la nueve
república y no aceptó el nuevo status quo que proponían sus desleales vecinos”, El general Velazquez
La Vanguardia en su edición del lunes 4 de mayo, publica el vivió testimonio del médico español que trabajó en el Sahara
Occidental durante los últimos años de la presencia española como médico espía
para el gobierno de la época. El relato de esta parte de la historia nos lleva
a la traición española a su excolonia que ha derivado un conflicto que los
saharauis siguen padeciendo en su proceso de descolonización.
Los secretos
del doctor Velázquez. Durante el día era médico de un ambulatorio en Mauritania
y por la noche espiaba al Frente Polisario entre 1973 y 1976
“A mí lo que
me interesa es que descubra usted dónde está el cuartel general del Frente
Polisario”, así le dijo el coronel de la segunda sección del Estado Mayor
central el día en que le informó de que le habían concedido la plaza de médico
cooperante a la que aspiraba en Nuakchot, Mauritania. Corría el verano de 1973.
“En ese momento, no supe muy bien todo lo que se me venía encima”, confiesa el
general retirado de Sanidad Antonio Velázquez Rivera.
A sus 78 años,
quiere ofrecer el relato de aquellos días en que compaginaba sus labores de
médico civil en un ambulatorio de la capital mauritana con las de informador
del servicio de inteligencia militar. “Así, mis hijas conocerán bien esta
historia”, comenta el general desde su casa de Ceuta. Su esposa, María del
Carmen López de Soria Mena, que pasó junto a él parte de aquellos días en el
Sáhara plagados de silencios, elipsis y algunos miedos, lo escucha atentamente.
Ella sí conoce los secretos del doctor Velázquez.
De 1971 a
1973, estuvo destinado como médico en la Policía Territorial en el entonces
Sáhara español. “Allí, actuaba, además, de médico forense. Por ese motivo, me
pasaba el tiempo rondaba por todo el territorio y por ir haciendo cuidados
ambulatorios”, explica Velázquez. En el Sáhara Occidental ganó experiencia y se
acostumbró a las altas temperaturas y a la arena. Quizá por ello quiso probar
suerte en Mauritania. Así fue como acabó como cooperante en Nuakchot. “Mi
puesto era civil a disposición de las autoridades locales y, por supuesto, iba
sin uniforme. Al principio, no reparé demasiado en la tarea de informar a
Madrid. Yo no tenía para ello formación ninguna y fui aprendiendo a base de
golpes; de hacerlo bien unas veces y mal otras. Tuve algunos éxitos, como dicen
los franceses malgré moi, a pesar de mí, porque yo era un inexperto”, relata el
general con cierto humor.
Mauritania
toleraba en 1973 la presencia del Frente Polisario en su territorio y hasta le
deba amparo, aunque, como iría comprobando Velázquez con el paso del tiempo,
esa amistad iría cambiando paulatinamente hasta el punto de acabar convertidos
en enemigos. La guerrilla saharaui del Polisario realizaba acciones de
hostigamiento a lo que representara presencia española en el Sáhara Occidental,
especialmente ataques a las unidades militares, y estaba considerada por las
autoridades de Madrid como un grupo terrorista. Había llegado a causar bajas
entre las fuerzas militares. Algunos de esos ataques, según numerosas fuentes
históricas, fueron supuestamente cometidos también por comandos marroquíes,
aunque fueran atribuidas al Polisario. Marruecos quería a España fuera de lo que
consideraba una extensión histórica de su reino.
Podría decirse
que Velázquez tuvo la suerte del principiante como espía y pudo dar pronto
respuesta a su coronel de inteligencia. Muy pronto descubrió que lo que podía
considerarse el estado mayor del Frente Polisario se encontraba efectivamente
en Nuakchot y, además, muy cerca de su casa. Una autoescuela en los bajos del
edificio servía de tapadera para las actividades del grupo independentista
saharaui.
“Entré un día
allí y me puse a hablar en español. Todo el mundo me respondió tranquilamente.
Hice ver que estaba interesado en que mi mujer se sacara el carnet de conducir,
aunque ella ya lo tenía”, recuerda. El joven oficial del cuerpo de sanidad tomó
nota mental de todo cuanto pudo.
Su superior en
Madrid, el coronel que le había encargado la misión se entusiasmó con aquellas
novedades y le pidió que le enviara un croquis del edificio. “Yo no era un
dibujante, pero se lo hice. Un dibujo exterior y lo que recordaba de dentro. No
quise volver más por allí para no levantar sospechas”.
Aquellos
mismos días pudo responder a otras instrucciones. Dio con la dirección de un
miembro del Mpaiac (Movimiento por la Autodeterminación e Independencia del
Archipiélago Canario) del que Madrid también le había reclamado información. Lo
localizó casi por casualidad. Sorprendentemente llegó a la Embajada española en
Nuakchot una carta dirigida a la aquella persona citada por los servicios de
información como de interés policial y militar y del que Velázquez a penas
conocía la identidad. El endeble servicio postal mauritano debió llevar la
misiva a la legación diplomática por error. La cuestión es que aparecía la
dirección de aquel miembro del Mpaiac en la capital mauritana. Ya tenía lo que
le habían pedido. “Eso lo conseguí casi recién llegado a mi puesto”.
Todas las
informaciones que recopilaba solía mandarlas por valija diplomática, aunque a
veces lo alternaba con un secráfono (un teléfono con sistema analógico de
encriptación) o una radio militar “de la que no me fiaba en absoluto”, matiza
Velázquez.
Un día
apareció en su vida Rafael. La primera gran fuente del doctor Velázquez en
Mauritania. “Hablaba todas las lenguas del desierto y un español muy bueno,
conocía bien los giros. Empezó a venir a mi casa. No recuerdo muy bien cómo
empezó la relación. Siempre que venía me pedía güisqui. Le gustaba mucho beber.
Pasábamos muchos ratos en el patio central de mi casa. Me iba dando
informaciones, a veces difusas, que yo tenía que ir interpretando”, relata el
general.
Un confidente
políglota bautizado como Rafael Hostias
Nunca supo
quién era Rafael realmente. Velázquez cree que por el conocimiento del desierto
y sus lenguas quizá era un guía de caravanas. Intentó sonsacarle su nombre en
varias ocasiones, pero el simplemente respondía: “Rafael, hostias”. “Acabamos
por llamarle Rafael Hostias. Una vez le hice incluso unas fotos simulando que
se las hacía a una de mis hijas para tratar de que alguien lo identificara”,
remata. Pero tampoco lo consiguió ni con esas.
“Una noche,
después de haber estado tomando güisqui, me dijo que lo acompañara al desierto.
Aquello me dio un poco de miedo. A mi mujer, que estaba allí, también. Por eso
me dijo que me llevara a nuestra perra. Era muy tarde, pasadas las 11.00 de la
noche. Él se dio cuenta y me dijo, no tengas miedo que no te voy a hacer nada.
Por supuesto, a partir de aquel momento tuve más miedo”, confiesa desde su
cómodo butacón de descanso.
Refael le
mostró en el desierto una batería de autoametralladoras. “No las puede contar,
las había visto ya en la Legión, pero me dijo que eran para el Polisario y yo
informé de eso”, recuerda Velázquez.
Tiempo
después, llegó la otra gran fuente del doctor Velázquez en su condición de
informador. Resultó ser un teniente del ejército mauritano que se ofreció a
pasar información del Polisario. Lo hizo inicialmente a través de la embajada,
aunque el asunto acabó derivado a Velázquez tras una primera cita a ciegas tras
el edificio de correos en la que, una de las cosas que le llamó la atención al
joven oficial español, es que el futuro confidente se presentara vestido de
uniforme.
“Ese hombre me
daba información muy buena y precisa. Era concreto y eficaz. Tanto como llegar
a decir que tal día habría un ataque sobre, por ejemplo, la posición de
Tifariti”, comenta el hoy general retirado. Dicho ataque, por cierto, se
produjo, solo que las tropas españolas ya sabían que ocurriría gracias a un
médico radicado a cientos de kilómetros de distancia que tenía un informador de
un país (Mauritania) que empezaba a cambiar su política hacia el Polisario
–acabarían en guerra poco después– y por eso pasaban secretos a una tercera
parte, España.
“Reconozco que
falté a mi deber porque, aunque lo tenía totalmente prohibido, aquella vez
avisé directamente a la Policía Territorial en Tifariti porque conocía allí a
un capitán de artillería que estaba con su mujer y sus cinco hijos. Lo digo
ahora porque han pasado 40 años”, confiesa sonriente el general.
“Aquel
teniente mauritano, me entregaba fotos de polisarios y sus fichas: dónde
vivían, dónde trabajaban”, comenta el general Velázquez. “Durante mucho tiempo,
no me pidió nada. Quizá, a instancias mías, fue por lo que un día me dijo que
quería dinero para un coche. Es que yo no entendía por qué hacía lo que hacía.
Él me insistía en que no era un traidor a su patria y mucho más tarde lo
entendí”.
“Una tarde, el
embajador, con el que había hecho muy buena amistad, me pidió que por favor le
hiciera de chófer. Nos fuimos al Ministerio de Asuntos Exteriores mauritano.
Estuve esperándole, aguantando un calor tremendo, dos o tres horas dentro del
coche. De repente lo vi venir. Me dijo que no se ponía detrás, que lo haría a
mi lado. Estaba cabreadísmo y entonces me dijo: España ha entregado el Sáhara a
Marruecos y Mauritania”, relata Velázquez. Resultó que nadie en Madrid había
informado al embajador en Mauritania de tan trascendentales acuerdos y lo había
hecho el ministro de Exteriores de aquel país. El enfado del embajador parecía
justificado.
Cuando
Mauritania por un lado y Marruecos por otro invadieron y se repartieron el
Sáhara Occidental, después de que España dejara a sus habitantes abandonados a
su suerte tras un pacto con ambos países, la situación se encaminó
inexorablemente hacia una guerra, pues el Frente Polisario proclamó la nueve
república y no aceptó el nuevo status quo que proponían sus desleales vecinos.
Los últimos
soldados españoles abandonaron tierras saharauis en febrero de 1976.
Velázquez
permaneció unos meses más en Mauritania tras la invasión. Siguió con su
actividad médica. Pero a finales de 1976, se acabó su misión y ya no hubo
relevo.
“Se desarmó a
los saharauis después de que hubieran servido fielmente a España durante mucho
tiempo. ¡Eran españoles, es que tenían carnet!”
“Traicionamos
a los saharauis. La idea era que consiguieran la independencia ligados a España.
Se desarmó a los saharauis después de que hubieran servido fielmente a España
durante mucho tiempo”.
Un día a
Velázquez se le ocurrió preguntar al teniente mauritano por Rafael, el otro
informador, al que hacía mucho que había perdido de vista. El oficial le
contestó: “Ah, sí, a ese lo hemos fusilado”.

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