Diario La Realidad Saharaui/DLRS/ صحيفة الواقع الصحراوي
ARTÍCULO
“Vergüenza y
dolor” por Francisco Muro de Iscar
“Allí donde
la toques, la memoria duele”, decía el poeta griego Yorgos Seferis. Y claro que
duele la decisión del presidente Sánchez de borrar el Sahara de la memoria
española al dar a Marruecos vía libre para acabar con la resistencia y los
derechos de un pueblo oprimido y perseguido y quedarse por la fuerza con un
territorio que España, como potencia colonial, estaba obligada a proteger. Un
territorio para el que la ONU diseñó un referéndum de autodeterminación que
Marruecos abortó con una ocupación invasora ante la pasividad culpable de la
comunidad internacional. Lo ha hecho Sánchez con nocturnidad y alevosía, sin
debatirlo en su Gobierno, sin llevarlo al Parlamento y sin informar al principal
partido de la oposición, demostrando que la política exterior tampoco es ya una
cuestión de Estado. A Sánchez sólo le interesa solucionar sus problemas, al
precio que sea.
Siento
vergüenza y dolor por Aminetu Haidar, esa saharaui valiente que estuvo 32 días
en huelga de hambre en el aeropuerto de Lanzarote porque Marruecos no le dejaba
volver al Sahara y que ha luchado incasablemente en la denuncia de las matanzas
perpetradas por Marruecos contra el pueblo saharaui. Y por Tarbak Haddi, que
inició otra huelga de hambre porque no le dejaban ver el cadáver de su hijo,
muerto en circunstancias sin esclarecer en una de las terribles prisiones
marroquíes. Son solo dos ejemplos del dolor causado.
Vergüenza y
dolor por ese gran pueblo que, a pesar del olvido de todos los Gobiernos de
España, desde hace casi cincuenta años, ha seguido manteniendo su herencia
española y nuestro idioma.
Vergüenza y
dolor por esos miles de familias españolas que durante años han acogido en
verano a miles de niños saharauis y por esos médicos que les han curado de
múltiples enfermedades, imposibles de atender en las precarias condiciones del
desierto de Tinduf.
Vergüenza y
dolor por esos centenares de abogados españoles que durante años han acudido a
El Aaiún a dar apoyo legal a sus compañeros y a los activistas saharauis,
impidiendo que los juicios fueran un simulacro, reduciendo las durísimas
condenas y logrando que muchos salieran de las cárceles en las que fueron
injustamente confinados. Muchas veces esos letrados fueron retenidos, secuestrados
y expulsados. Pero siempre volvían.
Vergüenza y
dolor por muchos socialistas de bien que protestaron durante años por la
opresión marroquí a los saharauis, por su anexión ilegal del territorio y que
exigieron un referéndum de autodeterminación. “Me comprometo con la historia.
Nuestro partido estará con vosotros hasta la victoria final”, les dijo Felipe
González en 1976. Y todavía en 2019, ese compromiso era parte del Programa
Electoral del PSOE de Pedro Sánchez.
Vergüenza y
dolor por los políticos y periodistas españoles a los que Marruecos trata de
silenciar, ha impedido viajar a las zonas de conflicto o, directamente, les ha
expulsado.
Vergüenza y
dolor por esa extrema izquierda que decía defender los derechos de los
saharauis y que ahora sigue en el Gobierno, no convoca ni asiste a ninguna
manifestación y calla dolosamente.
“Estos son
mis principios, si no le gustan, tengo otros”. Puro marxismo. De Groucho.
Sánchez se equivocó con la impresentable gestión del “caso Ghali” y ahora,
cree, entregando el Sahara y dejando a los saharauis a la intemperie, que ha
logrado “reconducir” las relaciones con Marruecos -empeorándolas con Argelia,
ojo con el gas- y que de nuevo será el gendarme que impide los flujos
migratorios a España. Se equivoca. Marruecos pedirá más, volverá al chantaje
cuando le interese y seguirá reclamando Ceuta y Melilla, esas ciudades que no
visitan los Reyes de España para no molestar al “vecino amigable” y que, hoy,
gracias a la decisión insólita de Pedro Sánchez, continuando otros errores de
Rodríguez Zapatero, están más cerca que nunca de ser moneda de cambio. Vergüenza
por el presidente de mi Gobierno y dolor por un pueblo al que le han quitado su
dignidad, su derecho a una tierra, a ser una nación y a vivir en libertad.

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