Diario La Realidad Saharaui/DLRS صحفة الواقع الصحراوي
ARTÍCULO DE OPINIÓN
El PSOE, el Sahara Occidental y "la autonomía", de Juan Soroeta, profesor de Derecho internacional en la Universidad del País Vasco
El artículo fue publicado por el periódico El Diario en su edición del miércoles 22 de junio y en el que el jurista experto en el Sahara Occidental explica la realidad del conflicto que Marruecos y sus lobbies intentan desnaturalizar con especulaciones y tergiversaciones que incluso salpica a los políticos como es el caso del presidente socialista que dirige el gobierno de coalición que en la actualidad gobierna España.
Los dirigentes saharauis en su último congreso general celebrado en la ciudad liberada de Tifariti. Foto SpsFalta a la
verdad el Sr. Pérez cuando afirma que la ONU ha ido dando pasos hacia la
autonomía como solución al conflicto. La única ocasión en que la autonomía ha
llegado a ser aceptada por el Frente POLISARIO y a ser aprobada por el Consejo
de Seguridad se produjo en el marco del Plan Baker II
— El giro de
Sánchez sobre el Sáhara rompe 40 años de equilibrio de España con Marruecos y
Argelia
Hace unos
días Santiago Pérez, senador por el PSOE, ha publicado un escrito en
elDiario.es en el que trata de justificar que la decisión del gobierno español
de apoyar la autonomía del Sahara Occidental ocupado por Marruecos es una
solución conforme con el Derecho internacional. En las líneas que siguen voy a
tratar de explicar las razones por las que tal decisión constituye una
violación grave del Derecho internacional por parte de nuestro país, y, además,
por partida doble: violación de sus obligaciones generales como Estado, y
violación de sus obligaciones como potencia administradora del territorio,
condición que, mal que le pese al Sr. Pérez y al Gobierno, España tiene y
seguirá teniendo hasta que se produzca la descolonización del territorio. Baste
recordar que el Pleno de la Sala de lo Penal la Audiencia Nacional, bajo la
presidencia del actual ministro del interior, Grande-Marlaska, ha afirmado
textualmente que: “España de iure, aunque no de facto, sigue siendo la Potencia
Administradora, y como tal, hasta que finalice el periodo de la
descolonización, tiene las obligaciones recogidas en los artículos 73 y 74 de
la Carta de Naciones Unidas” (auto nº 40/2014).
Siguiendo
recientes instrucciones de Felipe González (“se puede tener razón sobre el
Sahara y perderla si no se explica bien”), trata de explicar las bondades de la
decisión de Pedro Sánchez, ampliando “la perspectiva para el análisis del
origen, la evolución y la situación de este conflicto”. En su opinión, deben
entenderse las pretensiones de Estados “jóvenes” en vía de consolidación como
Marruecos y Argelia. Por una parte, este argumento serviría para modificar las
fronteras de medio mundo, pues desde la independencia del primero en 1956 han
aparecido en la sociedad internacional al menos otros 100 Estados “más
jóvenes”. Por otra, la Corte Internacional de Justica (CIJ) dejó claramente
establecido hace más de 50 años el principio de la intangibilidad de las
fronteras establecidas en la época colonial (principio uti possidetis iuris).
Desde la perspectiva del Derecho internacional, la realidad es diáfana: con
independencia de las razones que lo motiven, un Estado, Marruecos, viola el
Derecho internacional, y el otro, Argelia, defiende su aplicación.
La
“juventud” de estos Estados haría tan “comprensible” e interesado el apoyo de
Argelia a la autodeterminación saharaui como la pretensión de Marruecos de
consolidar la ocupación militar. De esta forma, pone al mismo nivel a quien,
desde el final de la guerra de liberación nacional, que pagó cara, pues se
llevó por delante la vida de cerca de un millón de argelinos, ha apoyado a
carta cabal el derecho a la libre determinación de los pueblos sometidos a
dominación colonial, y quien desde 1975 ocupa militarmente el territorio
saharaui, y que, dicho sea de paso, apoya la ocupación militar de Palestina por
Estado amigo, Israel.
Entiende el
senador que “la diferencia entre Marruecos y Argelia consiste en que, desde el
punto de vista formal, Marruecos es parte del contencioso y Argelia no ha
aceptado serlo”. Está en lo cierto: no se trata de un conflicto bilateral entre
dos Estados, tal y como ha pretendido siempre Marruecos (ya lo pretendió
también en relación con España en 1975, posibilidad que fue rechazada por
nuestro país). Se trata de un conflicto de descolonización, y por ello en él no
se enfrentan dos Estados que reclaman la soberanía sobre el territorio, sino el
pueblo que sufre la colonización y ocupación (y, de su lado la comunidad
internacional en su conjunto, tal y como estableciera la CIJ en relación con la
actual Namibia), y quien las lleva a cabo, violando el Derecho internacional.
Hay que recordar una vez más que la Corte estableció en 1975 que Marruecos no
tiene ningún título jurídico que le permita reclamar la soberanía sobre el
territorio. Y ahí se acaba del debate jurídico. Argelia, también en esta
cuestión, ha respetado el Derecho internacional y ha rechazado ocupar un lugar
privilegiado en las negociaciones que no le corresponde, por no ser parte en el
conflicto, pese a tener un interés legítimo en alcanzar una solución: los
campamentos de refugiados saharauis se encuentran en su territorio…
Falta a la verdad el Sr. Pérez cuando afirma que la ONU ha ido dando pasos hacia la autonomía como solución al conflicto. La única ocasión en que la autonomía ha llegado a ser aceptada por el Frente POLISARIO y a ser aprobada por el Consejo de Seguridad se produjo en el marco del Plan Baker II. Este plan preveía una autonomía limitada de 5 años que sería administrada por un gobierno elegido entre y por las personas incluidas en el censo para el referéndum confeccionado exitosamente por la MINURSO en el año 2000 (es decir, los saharauis). Tras ese periodo se celebraría un referéndum de autodeterminación en el que se darían dos opciones a la población (autonomía e independencia), y en el que participarían, además de los saharauis incluidos en el censo, todos los “residentes de buena fe” que hubieran llegado al territorio antes del 31 de diciembre de 1999 (es decir, los colonos marroquíes, que en aquel momento, y en violación de los convenios de Ginebra, que prohíbe expresamente el traslado de población del territorio del Estado ocupante al territorio ocupado, duplicaban ya a los saharauis). Cuando en el parlamento francés se le preguntó a Peter Van Walsum, en aquel momento enviado de Secretario General en el Sahara Occidental, cómo era posible que Marruecos rechazara un plan abiertamente favorable a sus intereses, éste contestó que “el gobierno de este país no se fía del voto de sus propios ciudadanos”.
Marruecos
propuso entonces el plan de autonomía que ahora apoya nuestro Estado (que fue
rechazado por el Consejo de Seguridad), y volvió a plantear la posibilidad de
resolver el conflicto por medio de negociaciones directas con Argelia, a lo que
este país se opuso frontalmente, tal y como exige el Derecho internacional.
James Baker renunció al cargo después de 7 años de infructuosas negociaciones,
acusando expresamente a Marruecos de boicotearlas, afirmación que ha reiterado
recientemente con ocasión del desdichado reconocimiento de Trump, que ha
calificado de “duro golpe para la diplomacia y el Derecho internacional”.
Vuelve a
faltar a la verdad el senador Pérez que “reiteradas resoluciones del Consejo de
Seguridad, adoptadas desde 2007, admiten que la solución de este conflicto (…)
puede ser alcanzada a través de un modelo autonómico”: las resoluciones de los
órganos de las Naciones Unidas (Comité de Descolonización, Asamblea General o
Consejo de Seguridad) han vinculado siempre esta opción, tal y como
estableciera la CIJ en 1975, al ejercicio del derecho de autodeterminación por
el pueblo saharaui. En el informe del Secretario General de la ONU (de 10 de
abril de 2014) a que hace referencia Santiago Pérez, se señala que el
presidente saharaui, Mohamed Abdelaziz, apoyaba la celebración de “un
referéndum con opciones múltiples, incluida la independencia”. En eso consiste
precisamente el derecho de autodeterminación. Varias opciones, entre las que
esté la de la independencia. La opción de la independencia no necesita
aclaraciones. La de la integración parece que sí. Un pueblo puede decidir
integrarse en un Estado descentralizado como el español, o extremadamente
centralizado, como el marroquí. Pero ambas posibilidades son dos versiones
distintas de una misma opción: la integración. Por ello, el gobierno español no
está apoyando el derecho de autodeterminación, sino la integración del Sahara
Occidental en Marruecos, apoyando así la violación del Derecho internacional.
El senador,
como el presidente Sánchez, utiliza un argumento rayano en el sarcasmo: la
decisión de España pretende evitar que los saharauis sigan sufriendo las
consecuencias de la durísima vida en los campamentos de refugiados: la solución
según ellos, es que admitan la ocupación y vuelvan a casa después de 47 años
como si nada hubiera pasado.
Concluye el senador culpando de todos los
males a los demás: “la derecha lanzada al monte y las fuerzas que propugnan la
autodeterminación de Cataluña o Euskadi”. Pero este entuerto lo ha creado el
presidente Sánchez sin ayuda de nadie. Como ha confesado públicamente en
declaraciones que le honran el diputado del PSOE Odón Elorza, es duro asumir
después de tantos años de apoyo a la causa saharaui el cambio de posición de su
partido (“la razón de Estado no repara en sentimientos, emociones o lealtades.
¡Qué triste! Me duele el abandono de una causa justa. Ante el pragmatismo
político y la geoestrategia, siempre pensé que los Socialistas podíamos abrazar
causas justas, aunque otros las consideren inútiles por perdidas”). No sé cómo
se puede asumir una contradicción tan grave, pero hay que llamar a las cosas
por su nombre: cediendo a los permanentes chantajes de Marruecos (¿es esta la
“Marca España” de la que habla el Gobierno?), nuestro país no apoya los
esfuerzos de la ONU por culminar la descolonización del territorio mediante el
ejercicio del derecho a la autodeterminación; nuestro gobierno “abandona una
causa justa” y apoya pura y llanamente la consolidación de la ocupación militar
marroquí, incurriendo así en una violación grave del Derecho internacional.

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